Estudiante universitario revisando sus gastos con recibos y calculadora en un café, organizando sus finanzas personales.

Ser estudiante no solo implica pagar una matrícula. En la vida real, los gastos del día a día terminan teniendo un impacto mucho más grande de lo que parece. Y lo más complejo es que no siempre se notan.Un café después de clase, una app de domicilios, copias, transporte, una salida el fin de semana… parecen montos pequeños, pero cuando se suman, pueden desordenar completamente el mes.De hecho, en Colombia se ha identificado que alimentación, transporte y ocio concentran el 64% del gasto de los universitarios, según estudios citados por Portafolio. Esto demuestra que no son solo los grandes pagos los que afectan las finanzas, sino esos gastos cotidianos que pasan desapercibidos.

El verdadero problema no es la matrícula

Cuando se piensa en estudiar, muchas veces el foco está en el valor del semestre. Pero la realidad es que el gasto más constante y el que más presión genera está en lo cotidiano.

En Colombia:

Y si se suman alimentación, arriendo y otros gastos, un estudiante puede necesitar entre $1 millón y $1,8 millones mensuales para vivir en ciudades principales. El problema es que estos gastos no siempre se planean, simplemente pasan.

Cuando “es poquito” se vuelve mucho

El error más común no es gastar grandes sumas, sino subestimar los pequeños gastos repetitivos.

Un ejemplo real:

  • $8.000 de café → 3 veces por semana = $96.000 al mes
  • $20.000 en domicilios → 2 veces por semana = $160.000
  • $5.000 en antojos diarios → $150.000 al mes

Sin darse cuenta, un estudiante puede estar gastando más de $300.000 mensuales en microgastos, casi lo mismo que una mesada completa en muchos casos. Según estudios, algunos jóvenes en Colombia reciben entre $200.000 y $1 millón al mes, con ese dinero deben cubrir absolutamente todo.

Ahí es donde aparece el desorden financiero.

El problema no es gastar… es no verlo

Hoy pagar es más fácil que nunca: transferencias, QR, apps, billeteras digitales. Pero esa facilidad también hace que se pierda la conciencia del gasto.

El dinero deja de sentirse real. Por eso, muchos estudiantes no saben exactamente:

  • cuánto gastan en una semana
  • en qué se les va la plata
  • cuánto les queda realmente

Y cuando llega el final del mes, la sensación es la misma: no sé en qué se me fue.

Cuando la educación financiera entra en juego

Aquí es donde la educación financiera deja de ser teoría y se convierte en una herramienta real para la vida. Entender cómo organizar los gastos, priorizar y tomar decisiones más conscientes permite que el dinero deje de ser una preocupación constante y se transforme en un apoyo para avanzar con mayor tranquilidad.

En One2Credit creemos que facilitar el acceso a la educación también implica brindar herramientas para sostener ese camino en el tiempo. Por eso, además de ofrecer financiación educativa digital, impulsamos Finedu360, nuestra plataforma gratuita de educación financiera, creada para que los estudiantes aprendan a organizar sus ingresos y gastos, comprender el uso responsable del crédito y tomar decisiones con mayor claridad.

Creemos que la combinación de tecnología, educación financiera e inclusión puede abrir nuevas puertas para miles de jóvenes. Nuestro compromiso es seguir desarrollando soluciones que faciliten el acceso a la educación superior, acompañando a estudiantes y familias en cada paso de su camino académico. Porque cuando la educación financiera hace parte del proceso, los proyectos de vida se construyen con mayor seguridad y confianza.

Por: Levis Deluquez Meza